miércoles, 2 de septiembre de 2009

BIOGRAFIA DE JUAN SANTOS ATAHUALPA



Juan Santos Atahuallpa fue un caudillo mestizo nacido en el Cuzco, probablemente el año 1710; recibió educación de parte de los jesuitas y aprendió castellano y latín; con uno de los religiosos viajó a España, Francia, Inglaterra y Angola, pero se desconoce detalles sobre el tiempo que duró tal viaje y los motivos del mismo.

De regreso al Perú parece que ya tenía en mente desatar una rebelión, tal vez en base a las comparaciones que hizo entre la vida que halló en el Viejo Mundo y la que pasaban los indios del Perú, oprimidos por la dominación colonial hispana.Algunos historiadores creen que estuvo relacionado con los ingleses; sea como fuere, lo cierto es que al desatar su lucha libertaria aparecieron en las costas del virreinato las naves del marino inglés Jorge Anson.

Juan Santos Atahualpa, desde la montaña de Huanta, se internó en la selva central para establecerse inicialmente en Chanchamayo, tal vez huyendo de la justicia colonial. En mayo de 1742 tuvo una entrevista con el cacique Santabangori, de resultas de la cual logró la adhesión de numerosas naciones del Gran Pajonal, especialmente de los Asháninca (Campas), entre los que se hizo proclamar Apu Inca diciéndose descendiente de Atahualpa, cuyo nombre tomó, proclamando que iniciaba la lucha para liberar a los pueblos indios de la opresión feudal-colonial.
El aniquilamiento de los españoles fue, precisamente, uno de los principales fines de su programa de acción, así como también la abolición de los usos y costumbres extranjeras que se trataba de imponer a las poblaciones nativas. La meta: lograr la restauración del imperio de los Incas.

El conocimiento que poseía de la lengua quechua y de varios dialectos amazónicos le permitió ser comprendido prontamente por los indios de la selva central, que se plegaron a su lucha con gran entusiasmo.
En junio de 1742 estalló el movimiento libertario, que habría de prolongarse por cerca de catorce años. Juan Santos estableció su cuartel general en el Gran Pajonal, teniendo como principales lugartenientes al curaca Mateo de Asia y al negro Antonio Gatica, cuñado suyo. Desde esa base inició sus correrías, siendo sus prime¬ros objetivos las reducciones que habían establecido los misioneros franciscanos del convento de Ocopa. Varios de éstos fueron muertos y se arrasaron más de 25 reducciones, entre ellas las de Pichana, Eneno, Matraza, Nijándaris y Quispango.

Gobernaba por entonces el virrey Antonio de Mendoza, quien, sabedor de los acontecimientos, envió una expedición con el propósito de apresar al líder libertario. Las tropas virreinales, puestas al mando del corregidor de Tarma Alfonso Santa y Ortega y del gobernador Benito Troncoso, establecieron un fuerte en Quimiri, por octubre de 1742, en cuya custodia quedó el capitán Fabricio Bertholi con 60 soldados, mientras el resto se internaba al interior.

Juan Santos tuvo puntual conocimiento de ello y así pudo asaltar una remesa de víveres que marchaba con destino al fuerte, iniciando luego el sitio del mismo. Muchos de los soldados españoles perecieron entonces a raíz de una epidemia y en los demás cundió la desmoralización, al extremo que presionados por el hambre algunos desertaron.
Entonces, Juan Santos exigió a Bertholi la rendición, mas se negó éste confiando en que le llegarían pronto los refuerzos que había solicitado por intermedio de un religioso que pudo eludir a los insurrectos. Finalmente, el líder libertario decidió atacar el fuerte y todos los españoles fueron muertos, el año 1743.

A continuación, los rebeldes se apode¬raron del pueblo de Monobamba, extendiendo el radio de acción del movimiento. Incluso se habló de manifestaciones a su favor en la lejana provincia de Canta.

El nuevo virrey, José Antonio Manso de Velasco, dis¬puso sin demora la salida de una nueva expedición contra los alzados, enviando tropas comandadas por José de Llanos, que tomaron la ruta de Huancabamba. Conociendo el poderío del enemigo, Juan Santos empleó la táctica de guerrillas, emboscando y atacando por sorpresa su retaguardia, para luego alejarse a la espesura de la selva, territorio que conocía a la perfección; de esta manera, poco a poco fue minando la fuerza y la moral de los virreinales.

Estimulado por sus triunfos, Juan Santos condujo a sus huestes al otro lado de la cordillera, llegando hasta el pueblo de Andamarca, que fue destruido. Pasó luego por Jauja y de allí se dirigió a Tarma, que estuvo a punto de ser tomada. Pero a partir de esta acción las noticias sobre sus correrías desaparecen.

Pudo haber ocurrido que el frío, al que no estaban acostumbrados sus hombres, obli¬gara la retirada de las posiciones serranas que es¬taban en su poder; lo cierto es que éstas fueron abandonadas y en ellas los virreinales levantaron fuertes dotándolos de guarniciones en prevención de futuros ataques. El virrey organizó una selecta columna de caballería, que fue apostada en lugares estratégicos de la ceja de selva, que marcó el limite del dominio de Juan Santos, que siempre se mantuvo invencible.

Acerca de su de¬saparición no se sabe nada en concreto. En 1761 el virrey informaba en su Memoria que desde 1756 no se había vuelto a saber del líder libertario y que lo más seguro era que hubiese muerto. Una versión apunta que surgieron desavenencias internas entre los rebeldes, al punto que Juan Santos tuvo que ordenar la muerte de su lugarteniente Antonio Gatica y de otros hombres temiendo una posible traición. Se trata de una simple conjetura, como hay varias otras. Una, por ejemplo, señala que el caudillo fue envenenado. Se ha recogido también una leyenda nativa según la cual Juan Santos fue muerto por una bala que le disparó uno de sus seguidores que quiso de esa manera probar su inmortalidad.

1 comentarios:

Nativa dijo...

Muy interesante, pero podrías citar tu fuente por favor
cariños
Natalí